Etanol Mortis, Olifante Ediciones, 2013

EtanolMortis (1)

 

DIME adiós. Dímelo tú,

porque yo no puedo.

Pero qué digo,

tú tampoco puedes despedirte.

Eres una simple química, incolora,

embotellable.

Pero qué digo,

claro que puedo despedirme de ti,

eres fácil, no matas, por más

que diga la sociedad que matas

no matas, por eso no me despido de ti

porque morir lentamente no es morir,

es vivir con el mismo paso que la vida

que también nos muere lentamente.

Pero qué digo,

sí hay una bebida que puede despedirse de mí,

sí hay una bebida que mata y la sociedad

se calla pesando el silencio como un

matacán abatido:

el agua.

Todos estamos beodos por el agua,

así que todos sufrimos de dependencia.

Pero qué digo,

hay una diferencia:

el agua mata cuando no la bebes

y cuando la bebes te quedas igual

que sin haberla bebido.

 

Ah! Mundo!

¡Que al menos esa dependencia

sea divertida!

 

 


 

 

Y por qué te buscó el hombre,

y por qué te encontró.

 

Estabas escondido en el mundo.

¿Te avergonzabas de ti mismo?

Preferiste quedarte en la uva,

latente como un sexo en la oscuridad.

¿Acaso no estabas ya en nuestro cerebro?

¿No permanecías ya en nuestro cerebro?

¿No es nuestro cerebro una lejanía indecisa?

¿Por qué el cerebro no se ocupa de sí mismo

y va más allá de sí mismo

sin respeto a sí mismo,

sin respeto a lo que piensa por sí mismo?

¿Acaso un árbol no piensa por sí mismo

y se aprieta en su madera para ser en sí mismo

y se retuerce en su madera para sacarse aún más de sí mismo

y crecen sus ramas pidiendo paso al tiempo

con educada lentitud y así ganar esa identidad

que descontractura al mismo sol?

¿De dónde se sacó el cerebro el pensamiento?

¿Pensabas que pensabas?

¿Te creíste a ti mismo pensando?

¿Y no te has quedado ya solo en el pensamiento,

en su movimiento constante hasta oír

el gemido del vértigo,

hasta oír el gemido del gemido del vértigo?

Necesitabas el vino.

Para no pensar

o pensar como un domingo fuera del calendario.

Necesitabas volcar los árboles, besar

una valla helada,

hacer latiguillos con la geometría,

gritar impar en un colegio uniformado.

Necesitabas el vino

pero al final te quedaste también

pensando en el vino.

Pensar en la ebriedad no es menos triste

que una ubre tardía.

 

Así hemos llegado hasta aquí

porque así hemos querido.

Beber sin pensar es ser con más certeza

que beber pensando lo que bebes.

Y quien piense lo contrario

es porque solamente está pensando.

 

La naturaleza es intuitiva y por eso es perfecta.

 

 

Bella montaña,

eres mi única libertad desprovista de libertad.

Giras en mi corazón

los buitres últimos del atardecer.